SANTIAGO DE COMPOSTELA. Alvariño
Me gustan las moras. Quizás sea la única fruta, junto con las frambuesas, que como por puro placer. Sí, hoy va de moras. Concretando un poco, del poder limpiador de la mora. De ese Kalia Oxi-algo del alma llamado mora. Lo que pasa es que la mora sólo quita manchas de mora. Es decir, sus poderes son un poco limitados pero, por otra parte, tremendamente eficaces.
El refranero español es muy oportunista. Existe un refrán para cada tema y también el refrán que afirma justo lo contrario. ¿Fiabilidad del refranero? A priori, no muy elevada. Desconozco si a algún sesudo del CSIC se le ha ocurrido estudiarla.
Bueno, al tema: moras. Hay varios tipos de moras atendiendo a su tamaño, a su grado de maduración, a sus cualidades organolépticas, etc., etc. Y, por pura lógica, si existen tan variada tipología de frutos, tiene que existir, por lo menos, la misma variada tipología de manchas. De aquí, que no todas pueden ser iguales. Y con eso quiero decir que unas manchas tienen que ser más difíciles que otras. Son esas manchas que se incrustan en el alma y que sólo la fuerza de los vientos y los temporales más feroces son capaces de eliminar. Otras, no. Esas son simplemente manchas y una mancha es siempre un incordio, para que negarlo. El caso es que donde había poco calor, las manchas se van más fácilmente.
Y con esto, y finalizando, diré que puse todo de mi parte y que las cosas no salieron bien. Será que soy persona y no paloma, será que no me conformo con las migajas.
Puede que el refranero en esta ocasión lleve razón. En estos días grises que acabamos de dejar atrás, cuando el camino se me hizo cuesta empinada y las piedras milenarias se volvieron crestas afiladas, encontré quién me tendiera la mano. Es primavera, otra vez.