** Patos
SANTIAGO DE COMPOSTELA. Alvariño
¿ Relato con puntito nostálgico? Decididamente, sí. Hoy va de patos. La saga “Cabras” queda aplazada por ahora. Me temo que la gran mayoría de pinceles y brochas de maquillaje proceden de la lejana China, productividad muy alta, calidad mejorable, así que no descarto nuevas desventuras en el futuro.
Al tema de hoy: patos. No recuerdo donde he leído la siguiente frase: “El pato es feliz en su sucio charco porque no conoce el mar”(Antoine de Saint Exupéry).
¿Nadan los patos en el mar? Yo nunca los he visto, la verdad. En ríos y lagunas, sí. Tampoco importa mucho este detalle. Aquí, mar o río es complemento circunstancial carente de relevancia. Tanto mar como río significan libertad, naturaleza, belleza.
El estanque es otra cosa. Tiene agua, eso sí. Agua estancada, nada que ver frente a la inmensidad del mar y al frescor de la brisa. Las palabras “estanque” y “patos” me devuelven a mi infancia, a la alameda de Santiago. Cierro los ojos y veo a una niña de unos cuatro o cinco años que corretea feliz en las inmediaciones del estanque. Tanto me gustaban los patos que mi padre me construyó un pequeño estanque en casa y, por supuesto, tuve patos. Patos que vinieron a casa siendo patitos comprados en el mercadillo de Padrón.
No sé si mis patos fueron felices en su minúsculo estanque, pero salud y energías no le faltaban al condenado que me atacó una mañana de verano. Tanto debí atosigarlos que cierro los ojos y lo veo corriendo enfurecido detrás de mi y si me acuerdo de la estación es porque temí por la integridad de mis piernas desnudas. No os imagináis la mala leche y la velocidad de crucero de un pato cabreado, se puso como un histérico. Lo confieso, tuve miedo y corrí a refugiarme en casa. Menos mal que eran otros tiempos y la puerta estaba abierta. Este acontecimiento fue crucial, ya nada volvió a ser igual, aquel pato se reveló como un auténtico depredador de la sabana.
Lo que no recuerdo es qué fue de los patos, dónde acabaron, morirían de viejos, cuál será la esperanza de vida de un pato. No sé..., no sé..., conociendo a mi madre y a mi abuela, y conociendo el carácter agriado del pato líder, mucho me temo que tuvo que ser una ejecución limpia y rápida, un golpe seco de hacha en el madero. Pato a la orange, como diría la Sardá.
Pues, para ir acabando, a veces, mi vida se me antoja vida de pato de estanque. ¿Es feliz el pato nadando en su sucio estanque? Si no ha conocido otro mundo, puede que así sea. Lo que pasa es que las personas no somos patos y bien sabemos que detrás de las montañas hay otros lugares más bonitos, otras sensaciones mejores. Pero, aquí estamos, chapoteando, dando vueltas de un lado para otro, víctimas de nuestros miedos, hasta volvernos seres neuróticos. A veces, también pienso que de haber tenido otra vida, quizás no soportaría determinadas circunstancias adversas que el destino me ha colocado en el camino. Será que nunca he tenido algo mejor, será que los patos y las personas nos parecemos.
Alvariño.




