** "Miko-Premio"
TEO. Mariam
Colaboradora

Hace casi 30 años, una de las mayores alegrías que se podía llevar un crío era que le tocase el “miko-premio”. Alguno de vosotros tiene que acordarse de aquella sensación, de la inmensa alegría que suponía encontrarse, tras el último trocito de hielo, (sabor fresa, naranja, limón o cola), la leyenda “miko-premio” escrita en el palito del polo.
Mis amigos y yo los comprábamos por la tarde, cuando volvíamos del colegio. Recuerdo que costaban 25 pesetas y eran la versión más basic del concepto helado. Los cucuruchos diarios eran inalcanzables para muestras menguadas economías infantiles. Algún “miko-premio” me he llevado, pocos. Mi preferido, dentro de la gama accesible, era el Drácula, que creo que sigue existiendo todavía.
Pues, como os contaba, si te tocaba el “miko-premio”, al día siguiente, en el bar de Enrique, el polo te salía gratis. Allí, en el camino de vuelta a casa, que, por entonces, era un paseo agradable cubierto por ramas de frondosos árboles que aplacaban los primeros rayos de sol de cada verano, mientras caminábamos perezosamente de vuelta a casa, muchas veces acompañados por los cantos de cucos y abubillas, la diosa Fortuna repartía suerte y helados.
Ahora, a las orillas de aquel camino ya no quedan apenas sombras y el sol castiga sin piedad a los viandantes, quizás por ese mal llamado progreso, o quizás, por ese otro mal llamado estupidez. Hoy, que también es día de verano*, me he acordado del “miko-premio” y le he preguntado a mi hermano qué ponían los palitos que no tenían premio. No recuerdo si no ponían nada o si traían la leyenda archiconocida del “sigue buscando”. Mi hermano, que es cien mil veces más práctico que yo, me ha contestado que lo que pusiese el palo daba igual porque, a fin de cuentas, todos los que no traían premio acababan en la cuneta.
(Ya me ha advertido el coordinador de este blog que si pretendo que alguien lea esto he de ser breve y concisa. Lo intento, juro que lo estoy intentado, pero hay temas que requieren cierta contextualización y este es uno de ellos).
Me explico: nada, cero, cuneta o sigue buscando. La más absoluta nada o algo. Éramos críos, nuestra personalidad, parte proveniente de la genética, parte proveniente de los procesos de socialización, se estaba formando. Sigue buscando significa: hoy no has tenido suerte pero mañana tendrás una nueva oportunidad. Nada es nada, y si tiene algún significado puede ser algo así como: ¡mecagoen…!
Y lo anterior viene a cuento de lo siguiente, el otro día, me volví a reencontrar, creo que en la 1, con la peli, “Un romance muy peligroso”. Ya la había visto hace un montón de años y la recordaba vagamente. Cuando salió la escena del hotel y Piquito de oro- Clooney le soltó a Jennifer la parrafada esa del amor que se encuentra una vez en la vida, bla…, bla,... (por cierto, una idea muy recurrente en el cine, también presente en Los puentes de Madison), yo pensé: “Pues, le tocó el miko-premio a la Jenny, suerte la suya”.
La escena está muy bien rodada, eso sí, pero el mensaje no me gusta. No puede ser que sea así, porque si es así, como diría mi abuela, aviados vamos. Vale, a veces sucede así, tal como dice Clooney, lo reconozco. En fin, que entre la “nada” más terrible y absoluta, a la que nos conduce irremediablemente la pérdida de aquel gran amor verdadero que solo pasa una vez por la vida y que se deja escapar por ser sencillamente gilipollas, y el “sigue buscando”, yo, sin ninguna duda, me quedo con el “sigue buscando”. Mañana será otro día y prefiero pensar que voy a tener una nueva oportunidad, que una cosa es el cine y otra la vida real.
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* NOTA ACLARATORIA DE JULIO: O relato foi escrito e enviado por Mariam cando todavía era verán.





