** Sonos bonitos e inconfesables. Capítulo IV
Napoleón
Del balneario he vuelto nueva, me hacía falta. Estaba cayendo en un pozo muy hondo. Me sentía una desgraciada, una desgraciada acomodada, pero una desgraciada a fin de cuentas. Por fin creo que tengo las ideas claras. Toda la ilusión empieza a desmoronarse. No vale la pena vivir de ilusiones, el tiempo pasa y todo sigue igual, ilusiones, solamente eso. Nada más. Nunca pasa nada porque nada va a pasar, simplemente jugamos, pasamos el rato. No es un mal pasatiempo, al contrario, fue bueno hasta que se convirtió en importante. Ahora necesito más, ya no es suficiente este intercambio de miradas furtivas que se cruzan una y otra vez. Cada vez que le veo marchar apresurado y ajeno a todo siento dentro de mí la tristeza que precede a las despedidas. No quiero engañarme más, no me compensa. De nada me sirve tenerlo aquí.
Mañana es el gran día. Todo tiene un principio y un fin. Mañana será el día del principio del fin. Estas historias raras son así, absurdas. Cuando parece que sí, que todo va bien, pues… no, todo va mal. Casi me da igual, no hay nada peor que ver espejismos, oasis en medio de este desierto de indiferencia. Si soy sincera, todo era demasiado bonito para ser verdad. Quiero que llegue mañana. Me estoy enamorando de verdad.
RELATO ELABORADO POR: Pilar
Colaboradora de A Lareira Máxica




