martes, 16 de febreiro de 2010

** Uns anxos chamados amigos


Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Kyle. Iba cargando todos sus libros y pensé: "¿Por que se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? Debe ser un “empollón". Yo ya tenía planes para todo el fin de semana.

Fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.
Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él. Cuando lo alcanzaron le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo.

Vi que sus gafas volaron y cayeron al suelo como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus gafas. Vi lágrimas en sus ojos.

Le acerqué a sus manos sus gafas y le dije, "esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto". Me miró y me dijo: "¡gracias!". Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud.

Le ayudé con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.
Caminamos hasta casa. Le ayudé con sus libros; parecía un buen chico. Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado conmigo y mis amigos, y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Kyle, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos. Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije:

"Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días". Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.
Durante los siguientes cuatro años nos convertimos en los mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Kyle decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke. Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. Él estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.

Llegó el gran día de la Graduación. Él preparó el discurso.
Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Kyle se veía realmente bien. Era uno de esas personas que se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos, se veía bien con sus gafas. Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban. ¡Caramba! Algunas veces hasta me sentía celoso... Hoy era uno de esos días. Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que le di una palmadita en la espalda y le dije: "Vas a estar genial, amigo". Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió: "Gracias", me dijo.

Limpió su garganta y comenzó su discurso:
"La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquéllos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador... pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir y, a este propósito, les voy a contar una historia".
Yo miraba a mi amigo incrédulo cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos. Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él: para que su madre no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía.

"Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable".
Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud. En ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras:

"Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera".
Hay personas que se dedican a iluminar las vidas de otros con su alegría, y su cariño, y eso a veces vale mucho.
"Los amigos son ángeles que nos llevan en sus brazos cuando nuestras alas tienen problemas para recordar como volar“



REMITIDO POR: María
Colaboradora de A.L.M.

** Non todo é o que poida parecer....




VIÑETA GRÁFICA REMITIDA POR: Toupeiro
Colaborador de A.L.M.

domingo, 14 de febreiro de 2010

** San Valentín, Faustino, Santa Juliana y todo el santoral

COMPOSTELA. Alvariño



Colaborador de A.L.M.


San Valentín es un invento de los curas o de El Corte Inglés. Como no tengo ganas, no voy a ponerme a indagar sobre los orígenes históricos del fenómeno. No vale la pena, sospecho que sería una ocurrencia de un mandamás de algún centro comercial. La verdad, me importa un carajo, con perdón, la patente del tinglado. Hoy, me preocupan más otros temas.

Tengo un problema. No sé muy bien como explicároslo. No tiene que ver con el santo del día, es algo más complicado. Que hoy sea San Valentín solo es un complemento circunstancial de la cuestión. Tengo miedo, estoy bloqueado. Sí, soy yo, Alvariño, el de siempre. El miedo, aunque haya quien piense lo contrario, no es propiedad exclusiva de mi ave nocturna preferida.

Recordáis la letra de Mecano:
"Pero cuanto más me cura
al ratito más me escuece
porque amor es el empiece
de la palabra amargura"


Pues, ahí está la clave: “el amor es el empiece de la palabra amargura”. No me importa contaros esto, como bien dice María, a estas alturas y después de tantas horas de vuelo… Lo que ya no me apetece nada es entrar en los detalles, en el cómo, cuándo y dónde. Es un recuerdo que me resulta incómodo. Lo he pasado mal, tan mal, que lo mismo que un gato escaldado, le he cogido miedo al agua del riachuelo.

Lo que más me ha costado es volver a ser yo, en singular. Siempre he pensado que la libertad y la soledad son las dos caras de la misma moneda. A veces me siento solo, en las noches de tormenta, por ejemplo. Otras veces, pienso que esos ratos de soledad son el peaje de la autopista libertad. Os preguntaréis si he sido feliz. Sí, durante una etapa de mi vida he sido feliz siendo absolutamente libre, sin ser un libertino. ¿Y ahora qué? Ahora siento que me he perdido algo importante y como atenuante diré que no quería sufrir más y que el fondo del mar, matarile rile rón, es un lugar muy oscuro.

Pensaréis que la sigo queriendo, a ella, a la persona que ha hecho de mi el hombre más feliz de la tierra y el más desgraciado. Ya no. Hoy, después de tanto tiempo, ni le guardo rencor ni especial afecto. Nada. Lo que me pasa es que me cuesta quitarme la coraza y decir las cosas. Hoy, porque a alguien se le ocurrió, es el día de decir “te quiero” o “me gustas”. Porque toca, porque debe ser así, por lo menos para la gente que vive muy pendiente del calendario y las fases lunares. Vaya por delante, no me gusta eso de ponerle al amor horario y fecha en el calendario. Pero, también es cierto que esta fecha me coloca frente a mis temores. Ya sé que no me vendría mal un ahuyentador de fantasmas. Voy a buscar en google. No encuentro nada, cada cual parece que se apaña a su manera. Será cosa de seguir el método intuitivo. Bueno, voy a intentarlo. María, me sale en inglés, creo que voy por buen camino con la lengua de Shakespeare. Allá voy: “you make me feel so happy”, que significa, más o menos, que no se pierde el tiempo cuando se le piden deseos al arco iris. Es una traducción libre, María. Ya sé que arco iris se dice rainbow.

** A Frase Máxica de...Gabriel García Márquez: amar


"So porque alguén non te ame como ti queres, non significa que non te ame con todo o seu ser"



Gabriel García Márquez