
Ya hace tiempo que no escribo. Será que no tengo mucho que contar. Será que últimamente sólo me pasan cosas de las que no me apetece hablar. Será que en esta página me siento un poco extraño. Son tantas cosas… Me cuesta escribir. Podría aprovechar para desahogarme y escribir un “qué rabia”. Tengo material suficiente para unos cuantos pero no me apetece ni siquiera recordarlos. Tampoco voy a esforzarme y escribir en gallego. Hoy no, hoy estoy tremendamente perezoso y voy a optar por la vía que me resulta más cómoda. Estoy un poco cansado de las ideologías y las banderas. Hoy paso. Creo que todo es bastante parecido. Seguramente, vosotros pensaréis lo contrario. Estoy apático. Aburrido. Cansado. Harto y desilusionado. Por dentro. Por fuera, no. Por fuera todavía conservo la sonrisa Profidén. Por dentro me estoy apolillando. Como no ponga remedio pronto, voy a empezar a ceder. A resquebrajarme como las viejas vigas que inevitablemente se vienen al suelo. Me gusta restaurar cosas. Para matar la polilla de la madera existe un líquido que se llama Politus. Huele apestoso pero es eficaz. Contra lo mío no hay líquido que valga. Yo lo que necesito es un chute de ilusión. Abrir la ventana por la mañana y respirar profundamente el frescor que emana de la hierba del jardín. Creérmelo, creer que hoy puede ser un día diferente.
Lo intento. Sí que lo intento. A ratos pienso que sí, que puedo lograrlo y soy feliz. Por la noche, cuando llego a mi habitación agotado siento que no, que tampoco ha sido un día especial. Solo ha sido uno más. Uno más, y otro, y otro más. La vida es eso, una sucesión de intervalos de 24 horas. Ahora mismo son las 21:49 h, empieza a anochecer, a refrescar. La autopista ha dejado de rugir, un perro ladra en la lejanía mientras que los pájaros cantan las últimas notas de hoy. El sol ya se escondido detrás de los pinos. Un día más que agoniza.
UN RELATO ESCRITO POR:
AlvariñoColaborador habitual de
A Lareira Máxica