jueves, 21 de abril de 2011

** MeDoMedA: un grupo santiagués que apunta forte


SANXENXO. Julio Torres


O outro día escoitei por vez primeira esta canción no facebook dun amigo. Abofé que é pegadiza e animada. E é que sempre un sorriso nos alegra o día, e se chove como estes días que vos vou dicir. A canción chámase "Quero ver cómo te ris". Está cantada en galego polo grupo santigués MeDoMedA. nace da unión de Pais (Trifulka e OC29, guitarra), Anxo Pelexo (Sufridos e Indana, baixo), Arturo 'Arturbo Diésel' (Drinkin'tinto e Sufridos, batería) e Markinhos Drinkin. No link podedes acceder á súa páxina no MySpace, na que podemos informarnos deste grupo ou escoitar algúns dos seus temas musicais, entre outras cousas. Ougallá teña moitos éxitos e deséxolle unha longa vida este grupo galego. De momento, aquí vos deixo o videoclip da canción.

martes, 12 de abril de 2011

** Aída

Quiero darle la bienvenida a una nueva colaboradora de A Lareira Máxica. Se llama Athenea y es autora del blog chileno Cuentos de Athenea, que está muy bien y os lo recomiendo. Athenea, muchas gracias por unirte al grupo de colaboradores/as de A Lareira Máxica!!! Su primera colaboración es el relato "Aída". A mi me ha gustado mucho.



CHILE. Athenea
Colaboradora de A Lareira Máxica

A pesar de que la primavera había despuntado, ésa era una tarde casi invernal. Yo buscaba liberar mi inquietud de los últimos días en un tranquilo café, acompañada de un buen libro. Nada mejor que la buena lectura para sosegar el alma.

Estaba enfrascada en mi lectura, cuando oí un leve sollozo. No levanté mi cabeza de inmediato, pues la sordera parcial que padezco, a veces me juega malas pasadas. Sin embargo, cuando volví a escucharlo miré a mi alrededor... No la vi inmediatamente. Me quedé quieta, hasta que pude discernir la dirección de la cual provenía ese quedo y tímido llanto. Luego me giré y fue cuando te vi. De edad indefinida, lucías indefensa con tu mirada de perrito castigado; pesarosa y tan pequeña, envuelta en tu manto de lagrimas que, automáticamente, busqué los pañuelos que suelo llevar en mi mochila. Con ellos en mi mano me acerqué y te pregunté si te sentías bien. Me devolviste una mirada de ojitos llorosos y sorprendidos. No respondiste, pero aceptaste los pañuelos que te tendía.

Me senté en tu mesa y sin saber mucho qué hacer, te ofrecí un sorbo de mi deslavado café cortado. Lo aceptaste con gesto enternecido. Todo era silencio.

Prendí un cigarrillo y te lo ofrecí. Lo cogiste con mano nerviosa. Mientras encendía uno para mí, recordé cuán torpe me siento cuando veo a alguien llorar. Tu voz. Un “gracias” tenue, acallado. Luego te levantaste y te marchaste sin más. En la mesa quedaron los pañuelos y en el cenicero el cigarrillo a medio consumir.

Pedí la cuenta y me marché. A poco andar, te encontré frente a la vidriera de uno de los tantos porno-shop del sector. Estuve a punto de acercarme, pero desistí, dispuesta a seguir de largo. En eso tu mano me cogió por el brazo. Te oprimiste a mi costado como una criatura indefensa y caminamos. Te pregunté si vivías cerca. Asentiste con la cabeza. Decidí entonces acompañarte hasta tu casa. Así llegamos a un vetusto edificio ubicado al frente de una iglesia. Estaba a punto de despedirme cuando un gesto tuyo me detuvo. Abriste la reja y tomaste mi mano. Me tensé por un momento, pero te seguí en silencio. Nos adentramos en el edificio que me pareció sombrío y abandonado. Llegamos a tu departamento. Una tenue luz de origen indefinido iluminaba la salita. Me senté en un sofacito y desapareciste por un momento.

Experimentaba una extraña sensación, mezcla de ternura y sobrecogimiento. De pronto, apareciste a mi lado y tomando una vez más mi mano, me llevaste a tu habitación. Me quitaste la chaqueta y me ofreciste un cigarrillo y te sentaste en la cama. Aún de pie, yo sentía algo así como un ligero sobresalto. Mis instintos estaban alerta por no sé qué indefinible razón, y es que en aquella habitación se filtraba esa misma tenue luminosidad sin origen aparente. No había ninguna lámpara encendida. “No temas”, dijiste, como adivinando mi extrañeza, e hiciste una seña para que me sentara a tu lado. Lo hice y te recostaste en el lecho instándome a hacer lo mismo. No había ningún gesto insinuante en tu invitación. Aún así, me sentí incómoda y es que tu silencio me perturbaba.

“¿Vives sola?”, pregunté. Asentiste con la cabeza “¿Cómo te llamas”. “Aída”, respondiste. Acto seguido besaste mi frente. Tus labios estaban fríos y noté la palidez de tu rostro. “Gracias por acompañarme”, dijiste. Cerraste los ojos y te dormiste.

Aguardé unos minutos y luego de terminar el cigarrillo me levanté suavemente para no despertarla y me fui.

Días después, en el mismo café, nos volvimos a encontrar. Yo escribía unas notas, y al levantar la vista para pedir un café, te encontré sentada ahí, en mi mesa. La misma palidez y tristeza reflejada en tus ojos. Sin embargo, sonreíste cuando al acercarse Lorena, la mesera, a tomar mi pedido, solicité dos cafés. Dada la sorpresa ante tu abrupta aparición, no alcancé a notar el gesto de extrañeza de Lorena.

A diferencia de la vez anterior, Aída se mostró más comunicativa. Aún así, no respondía mis preguntas acerca de ella. Por toda respuesta, inquiría sobre mí. Le conté entonces que era novelista y que junto con ello solía escribir artículos literarios.

Bebimos el café, nos fumamos unos cigarrillos y la invité a caminar. Era un atardecer algo caluroso y me llamó la atención que Aída llevara la misma ropa abrigada de hacía unos días. Pero eso parecía no molestarle.

Anocheció y nos encontramos frente a su departamento. Con un gesto, me invitó a entrar. Una vez dentro, examiné su pequeña biblioteca, variada y rica. Me sorprendí al ver viejas ediciones de Edgar Poe y Lovecraft. Al volverme, Aída estaba frente a mí, con sendas tazas de café en la mano.

Un poco impelida por ese desasosiego que experimentaba ante su característico silencio, empecé a hablar de temas diversos. Ella escuchaba atenta, y al hablar, su queda voz se apreciaba dulce. Sus ojos, siempre tristes.

Así, al mirarla, fue cuando noté la extraña y sutil belleza de sus rasgos, y aunque su rostro lucía pálido, ello no le restaba hermosura. Me di cuenta que ella me miraba atenta. Fue cuando sentí deseos de besarla. No sé si adivinó mi deseo. Sólo sé que sonrió delicadamente. Se acercó, tomó mi mano y me llevó a su habitación. Todo lucía como días atrás. Aída se volvió hacia mí y posó sus fríos labios en mi boca. Abrazarla resultó fácil, era tan menuda...
Los besos y caricias nos llevaron a su cama. Su cuerpo ligero, era casi etéreo. Nos desnudamos y la acaricié con delicadeza. Besé su cuerpo entero que parecía oler a flores silvestres. Ella se entregó sin reservas, enredándose en mí como una hiedra. Pero a pesar de la pasión que nos envolvía, su cuerpo parecía no entrar en calor. Cogí una manta y la cubrí, pero luego olvidé esos cuidados al sentir sus caricias recorrerme. Eran sabias, con la sabiduría de miles de mujeres, de miles de años.
El dulce sopor que abraza después de hacer el amor, me hizo dormirme en su cuerpo. Al despertar, me encontré sola en su habitación. La llamé. Nadie respondió. Me vestí y salí a la calle, sorprendida. En ese momento, caí en la cuenta de que no tenía un número de teléfono para llamarla y que, torpemente, tampoco le había dado el mío. No sabía cuándo volvería a verla.

Yo iba al café todas las tardes buscando encontrarla. Pero parecía que la tierra, la hubiera tragado. Después de una semana, le pregunté a la chica del café si la había visto. Respondió que no la conocía. “Pero si es la chica que estuvo conmigo acá hace unos días”, le dije. Lorena me miró extrañada. Luego se acercó y me dijo en tono confidente: “Disculpa, pero tú siempre has venido sola. Por eso me llamó la atención el otro día cuando pediste dos cafés. Pensé que a lo mejor te juntarías con alguien, pero como no llegó nadie…”

Me quedé perpleja. ¿Me estaba volviendo loca? Pagué la cuenta y me fui. Caminé hasta el edificio que de día lucía más viejo y abandonado. Entré y golpeé la puerta del departamento de Aída. Nadie respondió. Golpeé más fuerte aún, con el corazón latiendo aceleradamente. La puerta del departamento de al lado se abrió y apareció una viejecita. Me preguntó a quién buscaba. “A una amiga”, le respondí. “Pero allí no vive nadie hace mucho tiempo m’hijita”, me dijo. “A lo mejor usted no la conoce.
Es una muchacha de unos 22 años”, le respondí. “Se llama Aída”.

La abuelita me miró sorprendida se acercó y añadió: ”Aquí vivió una jovencita con ese nombre”, me dijo. “Pero hace muchos años. Usted no puede haberla conocido!”. “Pero claro que sí”, repliqué, con tono algo alterado. “No m’hijita. Eso no es posible”, aclaró la viejita, “Aidita murió hace 15 años, ahí mismo, en ese departamento. Dicen que murió de pena, ¿sabe? Yo la conocí. Era una niña muy linda. Todos los hombres andaban locos detrás de ella, ¿sabe? Pero, bueno, a la Aidita no le importaba, porque eso no era lo suyo, usted me entiende, ¿verdad m’hijita?”

- No, no la entiendo – le dije.

La abuelita me miró compasivamente. “Bueno, la Aidita estaba enamorada de una profesora de la universidad donde estudiaba. La mujer, al parecer, se sacó el gusto con la niña y luego la abandonó. De ahí que la Aidita nunca más fuera la misma, ¿sabe? Se volvió muy solitaria y cada vez que yo la veía, ella andaba como llorosa, como triste, ¿me entiende m’hijita? Un día vinieron a buscarla unos compañeros de la universidad, porque hacía días que no sabían nada de ella. Cuando entraron a su departamento la encontraron muerta en la salita. No había ninguna nota. Sólo dos tazas de café en la mesita.

Guardé silencio. Y entonces entendí. Aída, finalmente, estaba en paz.

viernes, 8 de abril de 2011

** Y la ganadora es...


PONTEVEDRA. O Moucho
Colaborador de A Lareira Máxica

El cine, denominada por algunos la octava maravilla del mundo, es una ventana al mundo, increible. En ella se han recreado las mas importantes obras de la la literatura y lo guiones mas increibles que nos han hecho reir, llorar, gritar o suspirar, incluso aprender algo de historia. Hay historias sobre hechos historicos, personajes que han existido o aun viven, historias que nos hacen inquietar nuestras mentes, que nos llevan a lugares lejanos, imaginarios o a sitios que todavia no hemos llegado.

Desgraciadamente, tambien se ha utilizado con fines ideologicos o propagandisticos. Pero dentro del cine trabajan gran cantidad de gente: directores, productores, actores, tecnicos en maquillaje, vestuario, empresas de casting,… En fin. Todo un mundo de personas que hacen lo que denominados la magia del cine. Por eso, para dar un premio a todas estas personas, o equipos de trabajadores, se han creado en multitud de paises premios que reconozcan el esfuerzo y la creatividad que tanto nos entretiene. Hay quien dice que lo mas importante es la dirección. Otros que la interpretación. Para otros lo mas importante es el guión. Yo no voy a entrar en lo que es mas importante a la hora de hacer cine. Me centraré hoy en los premios que valoran a actores y actrices. En el comienzo, para poder ser un actor o actriz, tenias que tener una cultura o cualidades especificas para poder acceder a los papeles mas importantes. Tenian que saber, no solo interpretar, sino tambien, bailar, cantar, enganchar con la gente,… Ahora ya no es tan necesario encontrar a gente tan polivalente. Incluso tenemos actores que no son actores, es decir, gente que ni siquiera ha hecho un curso de interpretación y que salen en la gran pantalla por ser simplemente famoso/a. Aquí en España, tenemos el caso de la saga de Torrente, que a pesar de no tener apenas actores es capaz de lograr grandes taquillas que rompen los esquemas de los directores y productores mas esforzados y que supongo que les saca de quicio a alguno de ellos. Pero aun hay actores que nos hacen sonreir, llorar o nos aterran con sus interpretaciones independientemente de si la pelicula es buena o mala. Por eso es importante premiar a esta gente.

Por otro lado, en el cine ha crecido enormemente la tecnología que permite recrear las escenas mas increibles que vemos en las películas. Ultimamente, los usos de los ordenadores han ayudado mucho en este camino. Nuevos escenarios que no se pueden elaborar con decorados ya sea por lo complicado de la operación o el coste que conlleva. Incluso ya se han hecho películas en donde no hay actores, sino que hay personajes creados por ordenador que poseen un parecido increiblemente físico a las personas reales. Ultimamente, está muy de moda el uso del photoshop. Y ahí quiero llegar, con motivo de la ultima gala de los Oscar donde se le ha dado el premio como mejor actriz a Natalie Portman. El papel que desarrolla en la película, requiere un trabajo muy dedicado y dificil para dar vida a una bailarína de ballet. Para solucionar que la actriz no da la talla para el papel, se ha recurrido al photoshop.

Practicamente en todas las escenas en las que aparece o bailando o ensayando, es decir, lo que mas se podria valorar en la interpretación del papel. Sustituyendola en todas las escenas, han colocado a una excelente bailarina. Despues los expertos informaticos, magistralmente, han recortado al detalle el rostro de la bailarina y en su lugar han insertado el rostro de la actriz. El trabajo les ha salido impecable, pero ¿en que lugar queda la actriz? Realmente no sale en las escenas importante. Solo su rostro. ¿Es por eso que Natalie Portman, merece un oscar a la mejor interpretación femenina, cuando realmente no es ella quien ejecuta las escenas? Personalmente creo que NO. Atrás quedan en mi memoria las películas en las que son los actores los que realmente trabajan en sus papeles, como los famosos Fred Astaire o Ginger Rogers, o mas recientemente el joven Jamie Bell, con su papel en la película Billy Elliot, por poner algunos ejemplos. Estos hechos solo hacen degradar la calidad de los premios cinematográficos que se dan y en vez de premiar el esfuerzo se premia la picaresca y habilidad de unos cuantos informaticos. Realmente es un desprecio al resto de los actores que participan en los festivales de cine. A lo menos es lo que yo pienso.

viernes, 1 de abril de 2011

** A mal chamada liberdade de expresión dos "mass media"


SANXENXO. Julio Torres



Non descubro nada novo cando digo que, por desgracia, poderoso caballero es don dinero. Informacións coma ésta, na que se informa por Galicia Confidencial da destitución do director de Xornal de Galicia, así o parecen confirmar (desta noticia so sei o que aparece publicado neste enlace e en Público). Namentres os xornais estean subvencionados polo goberno de turno pouco se pode facer. E coidado: unha cousa son os xornalistas e outra ben distinta os que mandan por riba e que fan e desfán según lle conveña.

Os que somos ou fumos xornalistas xa sabemos que o empregado de turno, non sempre está dacordo coa ideoloxía do xornal de turno, pero ten que facer o seu traballo o mellor que pode e lle deixan. Moitas veces un simple titular non gusta ó xefe e éste órdenache e diche "dalle unha volta" porque o que nel di non é afín ós intereses económicos e/ou ideolóxicos do xornal e, por conseguinte, tenta favorecer a un partido político en detrimento doutros.

Isto sábeno moi ben os empregados de calquera xornal (ou noutro medio de comunicacón) que, a pesar de que traballen nel, non teñen porqué estar dacordo coa súa ideloloxía. Outras veces o medio de comunicación vóltase camaleónico e cambia de color segundo a ocasión que diría a canción...

Os partidos políticos non se quedan atrás e contribúen a desprestixiarse máis. E, por extensión, a política convértese en simple demagoxía, hipocresía e cinismo, moi vencellada á amnesia selectiva e parcial. Patético. A poboación que non pertence a ningunha secta e non cre vehemente o que di o líder desa secta a pés puntillas, o que fai é cada vez máis alonxarse da política. E fan ben. Cando un político ten a conciencia tranquila deberíalle dar igual o que opinen ou deixen de opinar os xornais e preocuparse máis pola poboación que por sí mesmos e os medios de comunicación. Din que a honestidade se leva mal coa política. E polo xeral, tamén o creo. Evidentemente, hai de todo, pero unha número bastante significativo de políticos non fai máis que corroborar esta tese. Ou iso pensa moita xente que acostuma a dicir que os políticos honestos vanse ás primeiras de cambio. Aínda que sexa unha evidente xeralización, pode que sexa verdade e leven razón.

En pleno século XXI a liberdade de expresión é unha liberdade máis que relativa para os xornalistas que teñen que "achantar" ou senón, arríscanse a ser despedidos ou a non renovarlle os seus contratos, bastantes en precario. Moi triste, moito, pero é a pura realidade na que se ven os xornalistas. E non ten visos de cambiar.